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Vicente-Juan Ballester Olmos
«El Ejército del Aire ha sido pionero en la desclasificación»
El investigador que estudió la documentación OVNI de Defensa cree que el ejemplo español ha abierto el camino a otros países europeos
Transformación. «Podemos decir con garantía que la información OVNI del Ejército del Aire es
A aplicación del rigor científico al estudio de la ufología ha presidido la investigación de Vicente Juan Ballester Olmos (Valencia, 1948) desde que en la década de los sesenta empezara a interesarse por el tema OVNI. Aferrado a un estricto racionalismo ha buscado una explicación verosímil a los más de seiscientos casos que ha analizado en treinta años de vocación, compartida ahora con su trabajo de gerente de seguros en una multinacional del automóvil. Fruto de su experiencia es la publicación de cinco libros, cientos de artículos y la creación de la Fundación Anomalía (www.anomalia.org), una institución que impulsa la investigación académica de fenómenos extraños.
Su convicción le llevó en 1990 a proponer la desclasificación de los expedientes secretos propiedad del Ejército del Aire, una vieja aspiración de la ufología española. «Si mantienes el secreto, admites que hay algo que ocultar y se favorecen en sensacionalismo y las conjeturas», razona Ballester. «La documentación OVNI no es información militar, son datos de tipo naturalista, insustanciales en muchas ocasiones, que deben estar en manos de los investigadores». La propuesta superó las reticencias iniciales y, en 1992, se inició el proceso de estudio de ochenta y cuatro expedientes abiertos desde el año 1962. Hoy pueden consultarse libremente en la biblioteca del Ejército del Aire.
El tiempo le ha dado la razón. De los 122 avistamientos consignados, el 90 por 100 responde a una explicación convencional. «El Ejército del Aire no tiene extraterrestres en el congelador —bromea Ballester— sino expedientes amarillentos por el paso del tiempo, sin información revolucionaria».
— ¿Qué aportaciones a la investigación OVNI ha proporcionado el estudio de los archivos militares?
—La casuística militar sobre OVNIS se ajusta a las leyes generales: el 90 por 100 de los avistamientos se explican mediante razones convencionales. La experiencia nos ha demostrado que un altísimo porcentaje de los avistamientos son de carácter intranscendente, es decir, se corresponen con errores de percepción. En las décadas de los sesenta y setenta la mayoría de los partes se debían a ecos falsos, a fenómenos perfectamente explicables que los pilotos desconocían como globos estratosféricos, meteoros de cierta envergadura, o a confusiones con el planeta Venus.
—¿Los avistamientos se han reducido en los últimos años a consecuencia del aumento de la información?
—En términos generales sí, aunque existen oleadas. Ocasionalmente, en alguna parte del planeta se produce un pico en el número de avistamientos. Es un fenómeno habitual que tiene lugar cuando un caso obtiene una gran cobertura en los medios de comunicación, ávidos de noticias espectaculares, que encuentran en este tema el morbo necesario. La difusión genera
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un efecto de copia, una psicosis, como sucedió con los hidrometeoros hace unos meses en España. Algunos casos aislados con repercusión en los medios dispararon el número de denuncias. La mayoría son bromas, ciudadanos anónimos con afán de protagonismo.
—¿Recuerda alguna época concreta donde sea patente este fenómeno de imitación?
—El año 1968 es un buen ejemplo.
Se registraron veinitrés casos frente à
los tres de 1967 y a los siete de 1969.
disposición de la sociedad sin ninguna merma.
Se debió a la irrupción desde Francia de globos tetraédricos de un millón de metros cúbicos, que parecían enormes fincas piramidales volando a quince kilómetros de altura. Entonces los pilotos estaban desacostumbrados a estos fenómenos. El Ejército del Aire publicó una nota pidiendo a los ciudadamos que informaran de posibles avistamientos. La nota coincidió con una situación muy cercana de Venus a la Tierra, estrella que genera una luz intensa, provocando decenas de avisos.
—¿Cuántos de los expedientes del Ejército del Aire obedecen a causas racionales?
Hélène Gicquel
—De los ciento veintidós avistamientos, noventa y siete —el 80 por 100— están explicados. Dieciséis —13 por 100— se encuentran en la categoría de información insuficiente, aquellos en los que la información es tan pobre que no podemos certificar si es un error, un eco falso o una nave. Existen, por último, nueve casos que incluímos dentro de la categoría de no identificado. Casos con información suficiente a los que no se ha podido atribuir una explicación racional. No obstante, en siete de ellos intuitos un motivo, pero no hemos logrado documentarlo suficientemente.
—¿Qué explicaciones se han ofrecido a los casos resueltos?
—Hay cinco grandes categorías donde hemos podido encuadrarlos. Las casos más numerosos —el 38 por 100— obedecen a fenómenos aeroespaciales: aviones, globos meteorológicos, cohetes, misiles, etc. Un 36 por 100 son atribuibles a confusiones con el planeta Venus —sin duda, el motivo que induce a más errores— y a otros fenómenos astronómicos como meteoros, planetas o la Luna. Venus es el motivo más usual de confusión. El factor psicológico es determinante en un 14 por 100 de los casos, fraudes producto de invenciones y fabulaciones más o menos fantasiosas. Una pequeña proporción, el 4 por 100, responde a causas meteorológicas como reflejos y nubes lenticulares. La última categoría es una miscelánea donde caben casos de falsos ecos de radar, luces de refinerías, fuegos artificiales, etc.
—Nueve casos continuan sin aclararse. ¿Podemos hablar de un fenómeno extraterrestre?
—No hay razones para afirmarlo así. Un OVNI no se trata más que de eso, de un objeto volante no identificado, un fenómeno que por sus especiales características de luz, dinámica y comportamiento no hemos podido asociar a un fenómeno natural, lo cual no significa en absoluto que estemos hablando de naves extraterrestres. Para siete de esos nueve casos existe una explicación racional alternativa suficientemente coherente. Uno de ellos, sospechamos que se trata de un fraude, otros dos podrían deberse a un helicóptero y tres más a un avión. Sólo dos avistamientos, denunciados el 14 de julio y el 9 de septiembre de 1978, tienen unas características inexplicables y reciben en justicia la calificación de OVNI.
Informes sin resolver
LOS dos únicos «expediente X» del Ejército español se remontan a 1978. El primero sucedió el 14 de julio de 1978 en Mazarrón (Murcia). Según relata el informe, un grupo de soldados avistó durante unos ejercicios de vivac en plena noche un fenómeno luminoso muy potente cercano al suelo que se prolongó durante una hora y media. «El elevado número de testigos descarta la posibilidad de una invención — aclara Ballester—. Las características, dimensiones y movimientos, narrados con mucho detalle, no permiten pensar en un cuerpo astronómico, o un avión». El informe no ofrece datos de las personas que presenciaron el hecho por lo que no ha sido posible ampliar aún más la información.
El segundo caso es más impreciso. Se refiere a una intensa luz en el cielo que sorprendió a los pilotos de un vuelo comercial el 9 de septiembre de 1978. El hecho tuvo lugar en el mar Mediterráneo a unos 140 kilómetros de Barcelona.
—; Obedece la desclasificación a un clima aperturista en los Ejércitos occidentales?
—En cierta manera, sí. Pero debemos precisar que en este aspecto el Ejército del Aire español ha sido pionero en toda Europa. Hasta el momento sólo la USAF se había atrevido a desclasificar parte de sus archivos en el año 1979, pero nunca la totalidad de ellos. El ejemplo de España ha animado a los Ministerios de Defensa de otros países como los de Suiza o Suecia a mantener una actitud más la-xa en el asunto OVNI.
—¿Qué repercusiones ha tenido la desclasificación de los expedientes en la ufologia española?
—Ha supuesto una convulsión. Los investigadores hemos soñado con que el Ejército del Aire revelara su información secreta. Pero finalmente la desclasificación ha molestado a aquellos que quieren mantener misterios y mitos, porque su modus vivendi está basado en la existencia de esos mitos.
Raúl Díez
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